¿Y cuándo comenzamos a construir ciudad en otros territorios?

OBSERVATORIO CITé

Junio de 2018, y en la segunda comuna más rica del país, es anunciada por su alcalde la construcción de un edificio con 84 departamentos de “vivienda interés social”, “cada uno que se destinarán a allegados que nacieron y viven en la actualidad en esa comuna, quienes en todo no recibirán gratis dichos inmuebles que tendrá precios de entre UF 1.800 y UF 2.000” (Herman, 2018). La noticia generó un estallido mediático y una discusión académica a la que quisimos como ONG darle una nueva vuelta.  

En primer lugar y respecto a las últimas semanas, la discusión ha apuntado a sí estos departamentos corresponden o no a viviendas de interés social[1], respecto a su definición legal: “se considerarán viviendas económicas, para los efectos del presente decreto con fuerza de ley, las que se construyan en conformidad a sus disposiciones, tengan una superficie edificada no superior a 140 metros cuadrados por unidad de vivienda y reúnan los requisitos, características y condiciones que determine el Reglamento Especial que dicte el Presidente de la República” (DFL N°2, Artículo N°1).

Con respecto a la localización de las mismas, según el decreto N°1.608, Artículo 3.o “las viviendas económicas, en general podrán emplazarse en cualquiera zona de habitación consultada en las áreas urbanas existentes o en las futuras extensiones que establezcan los planos reguladores.  La limitación de zonas para el emplazamiento de “viviendas económicas” en las áreas urbanas, sólo podrá hacerla el Presidente de la República, a través del Ministerio de Obras Públicas”.

Hasta aquí las viviendas de la rotonda Atenas entran en la categoría de vivienda económica, pero el Artículo 3° establece lo siguiente: – Para todos los efectos legales se entenderá por vivienda social la vivienda económica de carácter definitivo, destinada a resolver los problemas de la marginalidad habitacional, financiada con recursos públicos o privados, cualesquiera sean sus modalidades de construcción o adquisición, y cuyo valor de tasación no sea superior a 400 Unidades de Fomento. (DL 2552)

Por tanto, las viviendas de la Rotonda Atenas, con un precio superior a las 1.000 UF no entran a la categoría de viviendas sociales, “en rigor son viviendas económicas que se acogerán, por escritura pública, a la infinidad de beneficios tributarios que brinda el DFL2” (Herman, 2018). La utilización del concepto de viviendas sociales está siendo utilizada entonces con el objetivo de obtener réditos políticos.

Zanjada la discusión y frente al escenario de las viviendas económicas de la rotonda Atenas, como Observatorio CITé queremos resaltar los siguientes puntos:

1] No son viviendas sociales las de Lavín en Las Condes. http://www.eldesconcierto.cl/2018/07/15/no-son-viviendas-sociales-las-de-lavin-en-las-condes/

 

  1. El clasismo arraigado en el “dime donde vive y te diré quién eres” y el miedo a la pérdida de privilegios de la “elite” chilena, reflejado en la reacción de algunos vecinos a la Rotonda Atenas.
  2. Las Plusvalías urbanas y el miedo a la generación de minusvalías producto de la construcción de viviendas económicas van de la mano con lo redactado en el punto 1, sumado al temor a resbalar de la supuesta “elite”.
  3. La consolidación del paradigma de la mezcla social en la política habitacional chilena como solución a la supuesta cultura de la pobreza.

En primer lugar, el clasismo es una característica habitual en las sociedades y culturas latinoamericanas, presentes desde tiempos coloniales, siendo estudiado por diferentes enfoques de acuerdo con los distintos autores[2]. Entenderemos clasismo, según la definición de Bastide (1970): “como un prejuicio de clase, a través de actitudes de la cual las clases dominantes evitan y rechazan a las clases dominadas sistemáticamente (ya sea en la vida cotidiana o en la vida sin intermediación directa) lo cual tiene como finalidad de rehuirla de la clase explotadora”[3](p. xx).

El mediático caso de la Rotonda Atenas no es el primer caso de clasismo, que observamos en nuestra ciudad, ni tampoco será el último. Más bien, la ciudad de Santiago ha crecido y la han ido desarrollando, materializando y adaptando bajo patrones clasistas[4]. Caso emblemático es Benjamín Vicuña Mackenna, quien ya en el siglo XIX piensa y planifica la ciudad de acuerdo a las estructuras civilización/barbarie que permiten separar a los ricos y a los pobres:  

“(…)peores son esas pocilgas inmundas que agrupadas en los suburbios de nuestra población, i mui principalmente en los que me ocupo, que más que destinados a dar albergue a civilizados seres humanos, parecen chozas o tolderías de salvajes, cuya incapacidad intelectual y moral les impidiera mejorar su propia condición”. 

Durante el siglo XX principios del XXI, aunque se han generado algunas propuestas de cambio, el Estado fue principalmente cómplice de la separación territorial de ricos y pobres. Con propuestas más o menos violentas, apuntó a distanciar la brecha de clases y alejar a los pobres de los beneficios que significa estar más cerca del centro de la ciudad (servicios, trabajos, etc.). Del mismo modo los “ciudadanos”, nos convertimos en reproductores de ese clasismo en la vida cotidiana utilizando por ejemplo términos comunes que se utilizan para conceptualizar ideas generalizadas que tenemos respecto a ciertos territorios, por ejemplo, se utiliza “La Pintana” como comuna insigne de personas de bajos ingresos, donde abunda delincuencia, drogadicción, etc. Asumiendo contrariamente “Las Condes” como una comuna habitada por gente solo de altos ingresos que no necesita de gente distinta que viva allí. 

De este modo, el patrón continúa, la “elite” chilena, se mueve en dirección hacia la precordillera alejándose de los pobres (y los no tan pobres), rechazando que los “diferentes vivan cerca”. Las

1] Garretón (1994), Contardo (2008), Montecino (Montecino, 2017), Salazar (Salazar & Pinto, 1999)

[2] Bastide (1970), citado por Cerda, U. (2004). Razas, Racismo, Clases sociales y Clasismo: Revisión Teórica y Desarrollo en Chile.

3] Según la encuesta PNUD-DES 2016, la clase social es la principal razón percibida por la cual los chilenos reciben malos tratos (41%)

palabras de Mackenna se repiten, quizás no con tanta figuratividad, pero si con ese repudio que ha configurado nuestra ciudad. Donde “el dime dónde vives y te diré quién eres” es la ley.

En segundo lugar, queremos relevar el acaparamiento mediático que recayó sobre el conocido “problema de la plusvalía” como un argumento bastante usado por los vecinos de Las Condes que protestaron por las “viviendas sociales”, quienes muchos veían esta iniciativa como si sus promotores habrían traspasado la raya metiendo las manos en sus bolsillos al hipotéticamente afectar el valor de sus casas. Dado que ni las personas comunes y corrientes, y ni los periodistas tienen por qué ser expertos en economía urbana, este problema, o más bien mito, fue rápidamente propagado como uno de los argumentos férreos de los detractores, frente a lo cual varios conocedores explicaron que para que afecte la “plusvalía” a un sector, en vez de un edificio de departamentos tendría que levantarse una cárcel, una planta de aguas servidas o un basural, equipamiento que ningún gobierno local quiere y sabemos a dónde terminan por distribuirse, lo más alejado de Las Condes, por su puesto.

 

También se decía que los servicios urbanos como redes de alcantarillado iban a colapsar por el rápido incremento de la población en el sector, aun cuando Las Condes debe ser una de las mejores comunas en el país en lo que respecta a infraestructura urbana. Entonces el problema es otro, claramente asociado a una profunda ignorancia que va más allá de la economía urbana, es una ignorancia sobre los que son “distintos”, reflejo del real problema del clasismo en Chile, no como mitos mediáticos que desvían la atención, porque el trasfondo de los detractores a esta iniciativa urbana responden a un egoísmo social crónico que quiere mantener una posición privilegiada en la ciudad y aferrarse con uñas y dientes a que tal situación no cambie en favor de los demás.

En un tercer punto se releva que la academia latinoamericana especializada en temas de planificación urbana y barrios segregados es partidaria de la corriente de la mezcla social en la localización de la vivienda interés social, esto significa que existe un discurso científico a favor del desarrollo de barrios integrados entre diversas clases sociales.

Es decir, sustentan científicamente el que gente pobre o de bajos ingresos se localice próxima a personas de clase media o alta, el supuesto pareciese ser sensato, sin embargo, no existe investigación académica suficiente para establecer que la localización en este tipo de territorios (mixtos) genere beneficios para los residentes de menores ingresos y viceversa.

Lo que sí se ha investigado es lo beneficioso de la localización en territorios con una alta presencia de oferta de servicios e infraestructuras pública y privadas, además de lo beneficioso de la cercanía al trabajo, redes familiares y sociales, lo cual es muy diferente a localización en barrios mixtos socialmente.

En la misma línea, no se pueden negar los beneficios que sería para la gente de bajos ingresos vivir en la rotonda Atenas, en el corazón de la comuna de Las Condes y uno de los barrios más cotizados de Santiago y Chile, pero dichos beneficios se producen por la proximidad a equipamientos (redes de metro, colegios, universidades, consultorios, parques, etc.) y servicios (cajeros, supermercados, farmacias, etc.) y no así a las viviendas de clases medias-altas y altas. Por tanto, lo que quieren los beneficiarios no es vivir más cerca de los ricos, sino vivir en la parte de la ciudad donde se concentran las amenidades urbanas.

Volviendo al punto anterior ¿qué beneficios podría traer la localización de gente de bajos ingresos cercana a clases medias y altas? Luego del anuncio de la construcción y aprobación de las viviendas sociales en la rotonda Atenas, se ha evidenciado lo cerradas que son las clases sociales altas, debido a que buscan perpetuar sus privilegios, así como lo cerradas que pueden llegar a ser, por tanto, es bastante difícil que los ricos bajen de sus departamentos o salgan de sus casas amuralladas para reunirse con los nuevos vecinos de la rotonda Atenas, por otro lado también es poco probable que sus hijos vayan a los mismos colegios o que las familias se atiendan en los mismos servicios de salud.

Lo que sí ocurrirá es que habrá mayor frecuencia y probabilidad de encuentros que en otros sectores de homogeneidad social de la ciudad, pero la mayor frecuencia no garantiza el contacto, para ello deberán propiciarse cambios culturales y sociales (estructurales) y así evitar los escenarios de clasismo y arribismo que hemos presenciado en las redes sociales estas últimas semanas.    

Bibliografía

Cerda, U. (2004). Razas, Racismo, Clases sociales y Clasismo: Revisión Teórica y Desarrollo en Chile. Tesis para optar al Grado de Magíster en Ciencias Sociales, Mención en Sociología de la Modernización. Santiago: Universidad de Chile, Facultad de Ciencias Sociales.

Garreton, M., & Cumsille, G. (1994). Las percepciones de la desigualdad en Chile. Proposiciones.

Contardo, O. (2008). Síutico // Arribismo, abajismo y vida social en Chile. Santiago: Ediciones B.

Montecino, S. (2017). Madres y Huachos. Alegorías del mestizaje chileno. Santiago: Catalonia.

Salazar, G., & Pinto, J. (1999). Historia Contemporánea de Chile. Santiago: Lom ediciones.

 

 

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