CICLETADA DE LAS NIÑAS La ciudad también es nuestra!

Por Catalina Loren Santana

El pasado domingo 9 de septiembre en el marco del Festival Urbano OH! Stgo se desarrolló la Cicletada de las Niñas, organizada por Ciclistas Sueltas y Comunidad Viajar Sola. Esta actividad de carácter familiar logró reunir a diversos asistentes, entre los cuales destacaban madres con sus hijas, hermanas y amigas. Al finalizar la cicletada se realizaron diversas actividades en la explanada del Parque Bustamante, tales como; 1) talleres de mecánica básica, 2) relatos de mujeres ligadas al ámbito de la ciencia, el humor o el deporte 3) dibujos sobre lo que más les gusta de andar en bicicleta, y 4) un picnic colaborativo. En este contexto, Observatorio CITé realizó dos entretenidos juegos: Twister de Educación Vial y Twister de Mujeres Chilenas “Bacanas”, el objetivo era aprender de manera colectiva y lúdica respecto a convivencia vial, y sobre grandes mujeres de la historia nacional.

Pero ¿por qué hacer una cicletada donde las niñas sean las protagonistas?, ¿es esto un gesto discriminatorio, un capricho feminista o guarda razones más complejas que desconocemos? A continuación, revisaremos algunos datos y reflexiones en torno al significado de ser mujer en el espacio público urbano, el rol de niños y niñas en la ciudad, y la situación actual de las mujeres ciclistas en nuestro país y el resto de América Latina, lo cual evidencia la necesidad de realizar y promover este tipo de actividades.

LA MUJER Y EL ESPACIO PÚBLICO URBANO

Al aproximarnos a la idea de espacio público lo primero que podemos observar es la tensión que existe entre su definición original y la expresión real que resulta en las ciudades, por ende, en la vida cotidiana de sus habitantes. Es así como el espacio público se definiría como el lugar donde se concreta la vida pública, el cual permitiría el encuentro y socialización de las personas, así como también, sería el lugar donde podrían ejercer su derecho a expresarse individual y colectivamente, caracterizándose por hacer confluir a la diversidad de sujetos que componen una sociedad. Sin embargo, la desigualdad al ser una parte fundante del orden social tendría a su vez una expresión en el espacio público, donde la diversidad de actores que se encontrarían en él provocaría una confrontación de relaciones de poder, manifestado por medio de restricciones y exclusiones respecto a su ocupación, en cuanto a formas de uso y tipología de usuarios. Es así como la configuración que adquiere la ciudad surgiría a partir de características tanto geográficas como producto de las relaciones de poder entre grupos sociales que disputan el control por el espacio en función de sus propios intereses.

De este modo podemos señalar que los grupos estructuralmente vulnerables de la sociedad serían relegados y excluidos dentro de la lógica de una ocupación plena del espacio público, donde destacan homosexuales, migrantes, adultos mayores, personas con movilidad reducida y mujeres, los cuales configurarían sus desplazamientos por la ciudad en función de fronteras invisibles, tanto territoriales como temporales, que se originarían a partir de la violencia invisible (violencia estructural e institucional) pero que se plasma a través de la violencia cotidiana, siendo esta última la que se realza en el contexto neoliberal.

De igual modo, la desigualdad existente entre hombres y mujeres dentro de la sociedad lograría representarse en el espacio público, por medio de restricciones o acoso, convirtiéndonos en cuerpos de deseo o ultraje, pero invisibles como sujetos de derecho para ejercer apropiación del entorno en el que nos desenvolvemos. Ejemplo de esto son los casos de violación, acoso callejero, piropos, publicidad donde se muestra el cuerpo de la mujer como objeto sexual, el repudio a marchar sin sostenes por la calle o la prohibición de amamantar a nuestros/as hijos/as en la vía pública, entre muchos otros casos.

Estas expresiones violentas y discriminatorias no significan solamente un mal rato, sino que tienen efectos en nuestras prácticas cotidianas sobre el espacio público, asociado a la forma en que nos vestimos, las oportunidades de acceso a ciertos lugares, la necesidad de buscar compañía y a la educación que entregamos a niñas y jóvenes bajo lógicas de temor y autocuidado. De esta manera, queda de manifiesto que la planificación urbana además de caracterizarse por contar con una baja y débil participación se encuentra bajo la dirección y decisión masculina, reproduciendo lógicas segregadoras, sin abordarse desde una perspectiva cultural integradora que respete el derecho a la diversidad en el espacio público.

EL ROL DE LAS NIÑAS Y LOS NIÑOS EN LA CIUDAD

Tal como señalábamos anteriormente, en la práctica la planificación urbana responde a los intereses de unos pocos, los cuales detentan posiciones de poder político, económico o cultural, sin considerar la opinión de la diversidad de habitantes que viven en las ciudades. Es así como se reconocen a ciertos grupos excluidos en la toma de decisiones respecto a lo urbano y en la definición de los espacios públicos que constituyen la ciudad, dentro de los cuales encontramos a niños y niñas, invisibilizando su particular visión del entorno donde viven y su modo de habitarlo.

Sin embargo, el considerar la perspectiva de niños y niñas en la construcción de las ciudades no solo es un gesto de integración necesario para reconocerlos como sujetos de derecho, sino que también abre un campo de posibilidades a los enfoques que adopta la planificación urbana y recuperación de espacios públicos. Es así como el pedagogo italiano Francesco Tonucci (1996) propone pensar las ciudades desde la perspectiva infantil como una estrategia de integración, dado que los principales elementos que asocian a los espacios públicos refieren a lugares de encuentro, participación, compañía de familiares y amigos, relación con la naturaleza y posibilidad de descanso. De esta manera, desde el punto de vista de niños y niñas, los espacios públicos inciden y permiten la realización y ejercicio de derechos humanos básicos, además de poner en perspectiva no solo el presente de la ciudad, sino que también del futuro.

El reconocer a niños y niñas como grupo de interés en la planificación urbana permitiría pensar los espacios públicos desde un enfoque de derechos, incidiendo en el desarrollo vital de los sujetos, en un sentido personal, colectivo y participativo. En este sentido, propiciaría generar diversidad de usos y ocupaciones por parte de distintos grupos sociales, así como también, incentivar la participación de niños y niñas, entregándoles herramientas y capacidades suficientes para que a futuro se transformen en ciudadanos activos en sus territorios, desarrollando un sentido de afecto e identificación con su entorno, motivando así su cuidado y preservación.

LA MUJER Y EL CICLISMO EN CIUDADES LATINOAMERICANAS

Para nadie ha pasado desapercibido el gran aumento que ha registrado el uso de la bicicleta para la realización de desplazamientos cotidianos en ciudades latinoamericanas. No obstante, han sido escasos los estudios que analizan su diversidad de usuarios y las razones que motivan o restringen su utilización para cada segmento, siendo así poco conocido el gran déficit de mujeres que emplean la bicicleta en América Latina.

 

Los principales motivos que explicarían esta situación se relacionan, por una parte, a la sensación de inseguridad que asocian las mujeres al uso de la bicicleta en la ciudad, al no contar con la infraestructura adecuada, y al alto tráfico y velocidad de vehículos motorizados en las calles. Por otra parte, el patrón de viaje femenino es más complejo que el masculino, dado que en muchas ocasiones se relaciona a las labores del hogar o al traslado de miembros de la familia, generalmente niños y niñas, donde la bicicleta se presenta como una opción poco práctica. Otras razones asociadas al escaso uso de la bicicleta entre las mujeres se vinculan a la percepción de riesgo en los entornos donde se realizan los viajes, el acoso que viven en los espacios públicos, la carencia de habilidades básicas para su empleo, los prejuicios que relacionarían su uso a personas de clases bajas o referido a una actividad infantil, además de un modelo expansionista de crecimiento urbano que incentivaría el uso de transporte motorizado.

 

Es así como en Chile el uso de la bicicleta para desplazamientos al trabajo representaría en el caso de los hombres un 35%, mientras que para las mujeres sería de un 15%, siguiendo la tendencia de ciudades latinoamericanas. Sin embargo, se observa que en los países donde el total del número de ciclistas supera el 10% de partición modal, la diferencia entre hombres y mujeres se equilibra, debido a que, al aumentar el número de ciclistas en las calles, disminuye la percepción de inseguridad asociada a su uso, la cual es una de las razones que más limita el uso de la bicicleta en mujeres.

 

En este sentido, con el fin de equilibrar la cantidad de mujeres y hombres ciclistas el Banco Interamericano de Desarrollo (2017) propone algunas medidas tales como la conexión de vías utilizadas en el desplazamiento de la bicicleta, generando redes que unan distintos puntos de la ciudad; promoviendo la intermodalidad que facilite a la mujer realizar en sus viajes las distintas labores asociadas a su vida laboral, doméstica y familiar; impulsar programas que promuevan una mayor utilización de los espacios públicos para volverlos más seguros; así como también, educarlas en conocimientos viales y mecánicos respecto al uso de la bicicleta con tal de que cuenten con más herramientas para su correcta utilización.

 

Promover una movilidad inclusiva, que atienda las particularidades de los diversos habitantes que se encuentran en las ciudades, se vincula a uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible planteados por la ONU el año 2015, por lo que se vuelve necesario analizar los viajes desde su dimensión social, cultural y física para garantizar el derecho a la movilidad para todos y todas, lo que implica la posibilidad de un total acceso al mundo laboral, educacional, recreativo y social que ofrece el entorno urbano.

 

A MODO DE CONCLUSIÓN

La Cicletada de las Niñas fue una invitación no solo a tomarse las calles de la ciudad por parte de mujeres de distintas edades y procedencias con fines recreativos un domingo por la mañana, sino que también visibilizar una problemática poco difundida en Chile, rompiendo con un imaginario de la mujer ciclista como deportista o asociada a un objeto de deseo masculino, tal como hemos visto en redes sociales. La mujer ciclista es y puede ser una estudiante que viaja hacia su colegio o universidad, una madre que traslada a su hijo/a o una oficinista que se desplaza hacia su trabajo, dentro de múltiples roles que cumple en su vida cotidiana. Es así como esperamos que a futuro las niñas que asistieron a esta cicletada se transformen en mujeres ciclistas, las cuales usen la bicicleta para sus diversas actividades de manera segura en la ciudad, así como también que las autoridades competentes a planificación y gestión urbana atiendan esta situación de manera integral, respetando la diversidad de habitantes que confluyen en los espacios urbanos.

 

REFERENCIAS

 

Díaz, R., & Rojas, F. (2017). Mujeres y ciclismo urbano: promoviendo políticas inclusivas de movilidad en América Latina. Banco Interamericano de Desarrollo.
Echeverría, C., Camus, M. J., & Ibañez, Á. (2016). Espacios Públicos Urbanos para niños, niñas y adolescentes. Santiago: Consejo Nacional de la Infancia.
Martínez, F. (01 de Junio de 2016). Dejar de ser invisible. Museo Nacional Benjamín Vicuña Mackenna.
Murray, C. (27 de Agosto de 2018). What would cities look like if they were designed by mothers? The Guardian.
Tonucci, F. (1996). La ciudad de los niños: un nuevo modo de pensar la ciudad. Fundación German Sanchez Ruiperez.
Zuñiga, M. (2014). Las mujeres en los espacios públicos: entre la violencia y la búsqueda de libertad. Región y Sociedad, 77-100.

 

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