De cóndores y pumas: Una Ecología y Urbanización depredadora de los ecosistemas.

Por Gricel Labbé y Natalia Vernal

En enero de 2019 se viralizaron a través de redes sociales, dos videos de animales (no humanos) en espacios residenciales en la periferia oriente de Santiago, justamente en el sector que concentra las familias de mayor poder adquisitivo del país.

El primer video muestra a un puma, felino, que luego de una estrepitosa caída desde un árbol en Lo Barnechea es salvaguardado por miembros de las instituciones a cargo de dichas materias. El segundo video corresponde a un par de cóndores apropiándose de un asado en Lo Curro, comuna de Vitacura.

Algunos grupos animalistas, cuestionan las medidas de rescate del puma debido a su “espectacular caída”, como a la vez debatían acerca la alimentación de los cóndores, pero, la discusión no apuntaba a la invasión y depredación de sus hábitats. Es por ello, que la pregunta sobre la cual debemos reflexionar es ¿Cómo hemos ido construyendo ciudad y qué debemos hacer para frenar los efectos que genera la urbanización en los ecosistemas?

En primer lugar, es importante aclarar que estos avistamientos no son fortuitos y mucho menos anecdóticos, sino que reflejan la aguda crisis socio-ambiental que estamos desencadenado por una urbanización que a todas luces responde a la paradoja de la planificación, es decir, tenemos excesos de instrumentos pero nulos efectos. 

El problema de los instrumentos de planificación es que no han sido capaces de generar un ordenamiento territorial sustentable porque 1) la mayoría son guiados, orientados, y ejecutados en una relación estrecha entre; la academia, investigadores y tecnócratas que a través de sus conocimientos parcelados difunden o promueven ideas (circuito de ideas centro-periferia, norte-sur, primer mundo-tercer mundo) las cuales no calzan con las realidades territoriales y escalares, 2) instituciones públicas que funcionan como facilitadores de procesos de planificación, e inclusive se vinculan política y económicamente con los agentes del mercado, y 3) instituciones privadas, quienes empujan a realizar los cambios normativos en post de conseguir “desarrollo” en las realidades locales, pero movidos por intereses económicos.

Esta tríada, claramente pasa por alto, una y otra vez, los socavones que generan sobre el medio ambiente humano y no humano (animales), entre los cuales se encuentran; 1) alteración del ciclo hidrológico y pérdida de calidad del agua, 2) impactos en los balances de energía y en los microclimas, 3) degradación, pérdida y fragmentación de hábitats, aéreos, acuáticos y terrestres, que se destruyen al impermeabilizar sus superficies 4) degradación de los arroyos 5) efectos sobre los hábitats terrestres , 6) Cambios en la estética de los arroyos y paisajes[1], etc.


La preocupación e investigación que ha emergido de la urbanización de la precordillera apunta principalmente al problema de los riesgos socio ambientales desencadenados por el asentamiento de viviendas en zonas de amenazas latente, sin embargo no es la degradación del territorio animal y vegetal la que interesa, sino que como esta depredación afecta al hombre: “ya que la preocupación (…) es la pesca, no el pescado, son los bosques, no sus habitantes no humanos utilizados como recursos para uso humano, los cuales no son vistos como animales con valor inherente”[1]

El problema de fondo, es estructural  y corresponde a la construcción de territorios desde una mirada parcial afincada en diversos niveles de violencia. Quienes ejercen la violencia no son los propietarios rurales que vive en un rancho, sino los grandes agentes privados que traen a estos espacios modos de vida completamente ajenos e insustentables, que obligan al desplazamiento, migración o muerte de los residentes del ecosistema anterior, como también son responsables los actores públicos que han permitido desde un punto de vista normativo que este escenario se materialice.

Por el contrario, nuestra propuesta avanza hacia el respeto sobre especies y los ecosistemas, aplicando 1) una ética de la justicia y no opresión hacia animales, ecosistemas y humanos, y 2) generar tácticas de acción directa en las diversas escalas.

Deseamos avanzar hacia una teoría y práctica holística y emancipatoria, en donde comencemos a imaginar a los humanos y no humanos como co-construidos dentro de una elegante simetría de la existencia y donde la tierra misma se considera un todo integral. Cuando comencemos a pensar y a construir ciudades desde este enfoque, desde la ecología de la liberación total, todo signo de violencia desaparecerá en los territorios, por ende, el puma y el cóndor como otros tantos caminarán libres y restaurarán sus hábitats.


[1] Romero, Hugo, & Vásquez, Alexis. (2005). Evaluación ambiental del proceso de urbanización de las cuencas del piedemonte andino de Santiago de Chile. EURE (Santiago), 31(94), 97-117. https://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612005009400006

[2] Best, S. (2012).Total liberation and moral progress: the struggle for human evolution. In:

Animal Ethics: Past and Present Perspectives. Ed. Protopapadakis, E. D. Berlin: Logos Verlag, pp. 233-256.en Springer, Simon. (2019). Total Liberation Ecology: Integral Anarchism, Anthroparchy, and the Violence of Indifference

COMUNICADO OBSERVATORIO CITé CIUDADES INTEGRADAS AL TERRITORIO

Reflexión sobre el caso Catrillanca.

Como ONG Observatorio de Ciudades Integradas al Territorio (CITé), no hemos podido quedar indiferentes ante la violencia desproporcionada ejercida a manos del Estado y, por tanto, hemos redactado el siguiente comunicado con el fin de desviar la discusión desde la crónica roja periodística, que ha buscado entender el evento como un hecho puntual y fortuito. Nuestro objetivo como organización es aportar a la comprensión de la complejidad de los territorios y sus comunidades. Por esto consideramos fundamental entender la genealogía del problema que comienza a raíz del desarrollo de un Estado-nación racista que construye constantemente un otro disruptivo.

 

Hoy queremos destacar tres puntos que nos parecen fundamentales a raíz de lo que ocurre actualmente en el Wallmapu. En primer lugar, nos referimos a la violencia de Estado ejercida sobre quienes supuestamente deben ser protegidos y también al establecimiento de un Estado-nación que protege los intereses de grupos elitistas. En segundo lugar, profundizaremos respecto a la cultura de la “chilenidad racista” como constitutiva de una sociedad altamente segregada que sustenta a la institucionalidad. Finalmente, hablamos sobre los efectos que genera el Estado y una sociedad alienada y enajenada en los habitantes de la zona, ejemplificando como consecuencia que la Araucanía es hoy la región más pobre del país.

 

  1. La constitución de un Estado-nación que protege los intereses de ciertos grupos económicos.

Con respecto a la violencia de Estado, esta se lleva ejerciendo de forma ininterrumpida, haciéndose presente en la zona desde hace más de 200 años como han documentado diversos historiadores. La violencia en la región de la Araucanía no comienza con la irrupción del Comando Jungla, sino que se arrastra desde la época de la conquista española, “hay un dispositivo colonial que sólo cambia en sus matices históricos y hoy tiene la espectacularidad que requiere su Plan Araucanía” (Catrileo, 2018, p.1). Pero, ¿por qué sí este tipo de violencia que se arrastra desde hace mucho tiempo, es hoy noticia? La explicación tiene dos aristas, 1) por un lado, se busca criminalizar a las comunidades indígenas, lo cual permite validar las intervenciones militares en pos de la paz y el mantenimiento de la gobernabilidad del país, y 2) porque hoy la violencia ha escalado a niveles no vistos desde hace varios siglos, en pos de defender los intereses de los grandes empresarios económicos del país. Frente a este escenario hace sentido lo postulado por el filósofo Han (2016), “nos encontramos ante una sociedad que sanciona la violencia física como un medio para un fin. Es una sociedad sangrienta, distinta a la sociedad moderna, que es una sociedad del alma. Aquí, los conflictos se resuelven directamente con el uso de la violencia, es decir se eliminan de golpe” (p.15).

 

De esta forma, el asesinato de Camilo Catrillanca, es un caso más de violencia estructural, institucional e histórica.  La intervención política, de los medios de comunicación y las fuerzas coercitivas (comando Jungla) han ido transformando un acto de reivindicación, en un ejercicio de terrorismo que supuestamente atenta contra la paz de los migrantes que si queremos, aquellos que poseen el capital económico, político, social y cultural, aquellos de apellidos europeos, poseedores de las tierras, como por ejemplo, la sociedad forestal CMPC, propiedad de la familia Matte.

 

  1. La chilenidad racista como constitutiva de una sociedad altamente segregada

Una investigación del Centro de Estudio de opinión ciudadana y la Universidad de Talca[1] arrojó que el 70,6% de los chilenos considera pocos atractivos los rasgos físicos de los mapuches. En relación a esto, más de la mitad niega tener antepasados indígenas. Sin embargo, la realidad se encuentra estampada en el rostro de los millones de chilenos que transitan diariamente por las avenidas, en las cuales es imposible ocultar el mestizaje. Pero no sólo la piel es motivo de discriminación y racismo, sino también lo simbólico, según la misma encuesta el 70,7% de los encuestados cree que tener un apellido de origen mapuche puede perjudicarlos en el ámbito laboral, no es de extrañar entonces, que en Chile sea tan frecuente los cambios de apellidos, las cirugías estéticas y que la tintura “blonde” (rubia) sea la más vendida[2], con el objetivo así de alejar cualquier asociación a lo indígena.

 

Sin embargo, ¿existe una “raza” chilena, distinta a los pueblos originarios? la obra “Raza Chilena”, publicada en 1904 proponía la posible existencia de un único linaje, producto de la mezcla de los mapuches con los españoles. Sin embargo, el proyecto Chile Genómico (2012-2015), que estudió una muestra de 3 mil personas vino a desmitificar la existencia de una raza chilena propiamente tal:  

 

“La distribución es muy pareja, oscilando el origen europeo en alrededor de 50%, el origen amerindio en alrededor de 48%, y el africano entre un 2% y un 3% promedio. Aunque según la región de Chile que miremos, estos porcentajes varían, oscilando el origen amerindio entre un 35% y un 55%, y el origen europeo entre un 40% y un 60%”.

 

Pero quizás más importante aún, ¿existen las razas? investigaciones (Correa, 2016; Appelbaum, Macpherson, & Rosemblatt, 2003; Margulis, 1999; Wallerstein & Balibar, 1991), han respondido a esta interrogante planteando que las razas son una construcción ideológica para imponer superioridad respecto a ciertos aspectos fenotípicos, pero que muchas veces no tiene nada que ver con el genotipo. Los rasgos físicos muchas veces no se condicen con los genes, una persona caucásica perfectamente puede tener un gran porcentaje de genes africanos, por tanto, se cuestiona cada vez el concepto de la raza, ya que todos somos producto del mestizaje.

 

Toda esta discusión está arraigada en una chilenidad racista que es inmune ante otro/a (Tijoux, 2016). La generación de este discurso e imaginario falso referente a la raza chilena, tiene sus orígenes en la colonia, en pos de la búsqueda de una identidad alejada a la del “guacho”, sin embargo, esta forma de representación y visualización a sí mismo trascendió más de dos siglos y hoy se constituye como una verdad, en la cual la raza chilena va fusionada a ciertas características tanto del fenotípicas como también atributos intelectuales, como que los chilenos son más esforzados y más inteligentes, en desmedro de las comunidades originarias que se les tilda de flojas, borrachas, sucias, salvajes y feas. Este imaginario está fuertemente arraigado en la elite económica-política-cultural y social chilena, que se visualizan a sí mismos como legítimos herederos europeos, sin embargo, y tal como han ayudado a desmitificar ciertos estudios, los orígenes indígenas están presentes en todos los estratos socioeconómicos, incluso en el de las más altas élites.  

 

[1]https://www.radioactiva.cl/2018/02/el-40-de-los-chilenos-prefiere-a-los-rubios-y-la-mayoria-considera-feos-los-rasgos-mapuches/

[2] https://www.elciudadano.cl/columnas/chile-no-es-un-pais-xenofobico/11/16/

 

“la distribución genética por estrato socioeconómico, también encontramos que es relativamente pareja. El grupo ABC1 tiene un 40% promedio de genes amerindios, el C2 un 44% y el C3, 48%. En tanto, los grupos D y E, un 54%. Por lo tanto, somos un país netamente mestizo, y esta mezcla cruza transversalmente toda nuestra sociedad” (López, 2016).

 

Estos discursos respecto a la raza no hacen más que perpetuar y acrecentar una violencia, ya no sólo a través de las armas por parte del Estado, sino que es la misma sociedad chilena que, a través de una permanente violencia simbólica, legitima todas estas acciones, segregando al ser mapuche como un otro marginado de la sociedad.

 

  1. Consecuencias en los residentes del Wallmapu

El 14 de noviembre de 2018, los medios de comunicación informaban de un “confuso incidente” en el que habría muerto Camilo Catrillanca, pero no informaban respecto a que la muerte había acontecido producto de un disparo por la espalda a un civil desarmado, y que había sido percutado por un miembro del denominado “Comando Jungla”. Tuvo que pasar más de una semana, para que recién la opinión pública pudiese enterarse de la destrucción de evidencia que la misma institución habría llevado a cabo con el único video que habría grabado el momento exacto del disparo y la muerte de Camilo (Cooperativa, 2018).  

 

La violencia tiene lugar precisamente en la Región más pobre del país para el 2017 según la encuesta de caracterización socioeconómica nacional [CASEN] (Ministerio de Desarrollo Social, 2017), la cual mide pobreza multidimensional, y en donde residen un total de 989.798 habitantes (Instituto Nacional de Estadísticas [INE], 2017). Si bien, los países constantemente categorizan a su pueblo, a través de censos, encuestas, etc., con el fin, entrecomillas, de focalizar sus recursos, también estas se convierten en armas políticas que construyen fronteras físicas y simbólicas.

 

Discrepamos totalmente del análisis respecto a la idea de desarrollo de una región sólo a través de estos datos cuantitativos. Creemos como ONG que la Araucanía es uno de los territorios más ricos en saberes y es imposible cuantificarla con los mismos parámetros de rendimiento de otras regiones que se encuentran en su totalidad insertas en el circuito capitalista. La Araucanía nos da una bofetada de realidad sobre la geografía de resistencia y resiliencia que existe desde hace siglos. Nos invita a levantarnos y, a repensar de manera crítica y descolonizada los procesos socio-territoriales que se están desarrollando.

 

Si bien este documento es un mensaje diminuto y carece del llamado práctico a la lucha, podemos, al menos, recalcar el rol que tenemos como investigadores, profesores, tesistas y estudiantes, que muchas veces tomamos al Wallmapu como otra área de estudio interesante debido a su conflictividad, ejerciendo lo que Harvey denomina el extractivismo académico, es decir, delimitar e ir a “áreas de estudio” para sacar información que nos parece relevante y que nos sirve para nuestra acotada y, en muchos casos, descontextualizada investigación. En algún momento nuestras investigaciones deben dar el salto y aportar de una forma más concreta a la resistencia ejemplar de Camilo Catrillanca y el pueblo Mapuche. Si bien, este escrito no transgrede esos límites, buscamos que sea un grito desesperado en busca de un compromiso territorial y comunitario real.

 

Bibliografía

Appelbaum, N., Macpherson, A., & Rosemblatt, K. (2003). Race and Nation in Modern Latin America. Chapel Hill, NC: The University of North Carolina Press.

 

Cooperativa, (2018). “General Soto: Carabinero destruyó tarjeta de memoria porque tenía imágenes ‘personales’”. https://www.cooperativa.cl/noticias/pais/ff-aa-y-de-orden/carabineros/general-soto-carabinero-destruyo-tarjeta-de-memoria-porque-tenia/2018-11-21/193409.html

 

Correa, J. (2016). La inmigración como “problema” o el resurgir de la raza. Racismo general, racismo cotidiano y su papel en la conformación de la Nación. In M. E. Tijoux (Ed.), Racismo en Chile: La piel como marca de inmigración (pp. 35-46).

 

Catrileo, D. (2018). “Cuando Santiago ardió por Camilo Catrillanca”.  https://pousta.com/santiago-llamas-matias-catrillanca

 

Instituto Nacional de Estadísticas (2017). Censo de población y vivienda 2017.

 

López, A. (2016). Lo que la ciencia ha descubierto sobre la supuesta “raza chilena”.

 

Ministerio de Desarrollo Social (2018). Encuesta de caracterización socioeconómica nacional, CASEN 2017.

 

Tijoux, M. (2016). Racismo en Chile. La piel como marca de la inmigración. Editorial Universitaria. Santiago de Chile, 2016. 280 pp.

[1]https://www.radioactiva.cl/2018/02/el-40-de-los-chilenos-prefiere-a-los-rubios-y-la-mayoria-considera-feos-los-rasgos-mapuches/

[2] https://www.elciudadano.cl/columnas/chile-no-es-un-pais-xenofobico/11/16/

ICONOCLASISTAS EN CHILE: DERRIBANDO FRONTERAS CON EL MAPEO

Los días viernes 29, sábado 30 de junio y domingo 1 de julio una de nuestras integrantes, Catalina Loren, tuvo la oportunidad de participar en el taller dictado por el dúo argentino Iconoclasistas, realizado en el marco del Diplomado en Metodologías Participativas de Corporación Cultural Arteduca. En esta ocasión, conjunto a voluntarios y profesionales del CESFAM N°5 de Estación Central e integrantes de Arteduca, experimentaron y conocieron de la técnica del mapeo colectivo, en la cual se instaló como tema de reflexión los modos de vida migrantes en el Barrio República.

Mesa de trabajo discutiendo el tema a trabajar en la primera jornada del taller Fuente: Arteduca

El trabajo desarrollado a lo largo de las 3 jornadas que contemplaba el taller, el cual fue titulado por el equipo como “Trabajadores de la República Migrante”, permitió el aprendizaje de diversos modos de mapeo, entre los cuales se encontraba la ubicación de íconos y banderas sobre el plano de la comuna de Santiago; el uso del cuerpo humano como territorio de impacto; la construcción de una línea de tiempo; y la identificación de trayectorias migrantes sobre un mapamundi.

 

Resultado final del trabajo denominado “Trabajadores de la República Migrante” Fuente: Elaboración propia

De este modo, los diversos ejercicios desarrollados posibilitaron, por una parte, la identificación de barrios y zonas de la ciudad en la cual se percibía una mayor presencia migrante, refiriendo a los usos particulares del espacio, descritos por medio de íconos, banderas, números y sus respectivas leyendas explicativas. Por otra parte, la reflexión respecto al cuerpo migrante permitió la definición de significados e imaginarios que se construyen en torno a sus colores, formas y características propias, y los efectos que éstos han tenido en la cultura chilena. Asimismo, la línea de tiempo facilitó la descripción del proceso migratorio en Chile, refiriendo a oleadas, nacionalidades y años en los que se ha desarrollado. Y, por último, por medio del uso del mapamundi se fijaron las trayectorias de los aportes realizados por los migrantes a Chile, en cuanto a diversos ámbitos tales como gastronomía, comercio o modos de desplazamiento cotidiano.

Es así como por medio del uso de estas herramientas cartográficas expuestas por Iconoclasistas se obtuvieron diversos conocimientos respecto a procesos de investigacion colaborativa respecto al territorio, desde una perspectiva crítica que busca la reflexión colectiva, promueven la auto organización e impulsan prácticas de resistencia y transformación. Ahora, queda como tarea pendiente compartir las ideas y conclusiones de este ejercicio con la comunidad migrante del barrio, con el fin de darle continuidad a la discusión de esta importante temática con los actores involucrados en las transformaciones sociales que experimenta nuestra ciudad, para el logro de sanas relaciones urbanas y un buen vivir.

[Puedes encontrar todos los materiales e insumos necesarios para hacer tu propio mapeo colectivo en http://www.iconoclasistas.net o contactarte directamente con ellos escribiendo al correo iconoclasistas@gmail.com]

*Agradecemos la invitación de Arteduca a este taller, el cual nos permitió aprender sobre mapeo colectivo, compartir los conocimientos logrados en nuestras investigaciones y continuar realizando metodología participativa con las comunidades asociadas a nuestra agrupación.

 

¿Hasta cuánto más podemos crecer? – La escasez de suelo en el Gran Santiago

Ignacio Arce, Gricel Labbé y Natalia Vernal

 

El martes 2 de Julio de 2018 Canal 13 emitió un reportaje titulado “Viviendas sociales la lucha por los terrenos”, en el se evidenciaba la paradoja existente en muchas ciudades chilenas, en las cuales existen terrenos disponibles para construcción de viviendas sociales y equipamientos, pero cuyo precio impide la realización de dichas viviendas. Tal como ejemplifica el alcalde de Recoleta en la misma nota “el tema es que haya o no haya suelo urbano, el tema es que sí estamos dispuestos a pagar el valor del suelo urbano para poner vivienda social para los más vulnerables”. Un ejemplo de esto ha sido la disputa llevado a cabo entre los municipios de Las Condes y Vitacura, en la cual el último se negaba a la construcción de viviendas sociales en un sitio de 28.000 metros cuadrados, llevando incluso a un cambio de uso de suelo absolutamente discrecional puesto que el cambio afectó solamente al terreno en cuestión, en respuesta a los deseos clasistas emergidos de los vecinos de Vitacura, disfrazados de ambientalismo, apelando que los terrenos serán destinados para la construcción de un parque. Esta situación es particularmente grave, debido a la que comuna de Vitacura es la comuna con el mayor Índice de Desarrollo Humano del país, con un superávit de servicios y equipamientos, fuentes de empleo, la mayor proporción de áreas verdes por habitante en Santiago y un largo etc., por tanto, se sigue reproduciendo la lógica de enviar a los proyectos de vivienda social a la periferia de la ciudad.

Otra de las paradojas a raíz de los altos valor del suelo en la ciudad de Santiago es el caso de la comuna de La Pintana, que se constituye como la sexta a nivel nacional con el mayor índice de hacinamiento y una de las que tiene la mayor reserva de suelo dentro del límite urbano, pero que a la fecha dichas reservas son sitios eriazos, lo cual es particularmente grave en una comuna con muchas necesidades en términos de equipamientos y servicios. Uno de los mega-sitios en La Pintana corresponde a “La Platina” (240 hectáreas) de propiedad del INIA y que ha sido recientemente traspasado a SERVIU. A la vista de este gran paño en el corazón de la comuna y producto de la necesidad de una vivienda propia, hoy se han constituido más de 60 comités de allegados correspondientes a familias del sector sur de Santiago, sin embargo, no hay certeza de que todos ellos podrían localizarse en La Platina, ya que la reciente modificación al proyecto por parte del SERVIU en La Pintana planifica para ese sector un Proyecto de Integración Social acompañado de un parque, es decir, sólo 40% del paño será destinado a viviendas sociales.

 

¿Pero cuál es el motivo de que los precios del suelo expulsen a las viviendas sociales cada vez más lejos a comunas como Melipilla o Padre Hurtado? ¿Existe realmente una escasez de suelo urbano? La escasez en este sentido es un concepto relativo que no alude a la insuficiencia de suelo de interés social dentro de la ciudad, sino la disputa de diferentes actores, públicos y privados, interesados en acceder a él, en un contexto de feroz especulación con el suelo y que en gran medida define las pauta de desarrollo urbano, entonces cuando desde la CChC se dice que no hay suelo de interés social dentro del límite urbano, quiere decir que el suelo actualmente disponible debe ser aprovechado por el desarrollo inmobiliario privado y en beneficio privado.

 

Trivelli (2015) realizó un catastro donde encontró que existen más de 24 terrenos con potencial de reconversión mayores a 255 hectáreas en Santiago y que actualmente son de propiedad del Fisco. Algunos de ellos, como el caso de La Platina, han sido traspasado por montos millonarios al SERVIU, y ahí se evidencia otra paradoja, que al interior del Estado se tenga que comprar terrenos para la ejecución de proyectos prioritarios, como es la construcción de viviendas sociales, problema que apunta al corazón de la propiedad privada del suelo y los inconvenientes y límites que genera para el desarrollo de un proyecto colectivo, como es la ciudad, la imposibilidad de contar con una estructura de propiedad del suelo colectiva y de interés social que abra nuevas posibilidades de acceso al suelo para proyectos prioritario y en lugares bien conectado provistos con equipamiento y servicios.

 

Actualmente el escenario es opuesto ¿Tenemos alternativas ante esta situación? Emergen otras opciones o aristas que nos gustaría relevar como Observatorio CITé a la discusión respecto al “suelo urbano”. En primer lugar, la transformación de suelos rurales a urbanos (1), como en el caso de La Platina, es una opción, sin embargo si seguimos expandiendo la ciudad (urban sprawl) y devorando descontroladamente sectores rurales, cada vez tendremos que ir más lejos para producir alimentos u obtener los servicios ecosistémicos que nuestra ciudad necesita, generando una variedad de inconvenientes: primacía del automóvil, contaminación, escasez del agua, deforestación, problemas de movilidad entre otras, pero lo que es más grave aún, modificando el territorio y expulsando comunidades rurales que son parte importante de nuestro desarrollo social y cultural. Por otra parte, algunos países han optado por viviendas sociales en densificación a través de los llamados “bonos de construcción” (2) en los cuales se les permite mayores coeficientes de constructibilidad a cambio que las inmobiliarias dejen 1 o 2 pisos para viviendas sociales, sin embargo, la excesiva densificación junto a sus problemas asociados y el poderío inmobiliario son temáticas por debatir para implementar este tipo de soluciones. La última alternativa a largo plazo es un proceso descentralizador (3), que, si bien la demanda de suelos es en las grandes ciudades como Santiago, Concepción y Valparaíso, no se puede desconocer, una solución podría ser apuntar a ciudades intermedias, que tienen aún terrenos céntricos disponibles a menos valor. No obstante, sin una solución completa y compleja por lo demás, de servicios, recursos, oportunidades de trabajo y descentralización estatal asociada, es un proceso muy difícil de implementar, por lo que las personas seguirán encontrando polos de desarrollo en la gran ciudad. De este modo, sin una solución a largo plazo, con múltiples alternativas, que involucre participativamente a los habitantes de los territorios en disputa, comunas enteras como La Granja, La Pintana, Hualpén, etc., que son por lo general socialmente carentes de servicios y equipamientos, se seguirán reproduciendo bajo esta lógica segregativa y exclusionaria con el que se han desarrollado estas metrópolis. 

Raquel Rolnik: Guerra de los Lugares en Chile

Por Gricel Labbé, miembro activa de Observatorio CITé.

 

Su visita no puede dejar indiferente a ninguna de las personas que tienen afinidad con las temáticas urbanas y que han visto las transformaciones de las metrópolis latinoamericanas in situ. La autora, Raquel Rolnik entre sus múltiples logros y reconocimientos que ostenta, sin duda resalta que fue relatora de la ONU durante seis años por el Derecho a la Vivienda Adecuada, pero sin duda lo más valorable es su constante llamado de atención frente a las consecuencias que está generando el modelo de financierización en los más vulnerables.  

Como Observatorio Cité estuvimos en el lanzamiento de su libro: “La Guerra de los Lugares” de la editorial LOM, y destacamos sus planteamientos en la siguiente reseña.

Para Raquel una nueva era de colonización se está llevando a cabo, que ocurre a través del mercado de las financias, cuyo único objetivo es la extracción de renta. Dicha colonización, es territorial y cultural, puesto que sobre todo se da en territorios como el Sur Global y, además, no sólo extrae los recursos sin retribuir absolutamente nada a dichos territorios, sino que también coloniza las mentes a través de la cultura del consumo.

La hegemonía de las finanzas que está presente a nivel mundial necesita un crecimiento exponencial de intereses para sustentarse, pero dicho crecimiento no se traduce en más empleos, mejores infraestructuras o ciudades más justas, sino todo lo contrario: aún se refleja en más desigualdad y degradación socio-ambiental, puesto que los intereses de las ganancias del capital se reinvierten y nunca retornan a los territorios de donde fueron extraídos, permanecen en una especie de “nube” que flota encima de la tierra, según la autora.

Los intereses de la industria financiera corresponden mayoritariamente a las ganancias de 30 grupos multinacionales, encabezados por los fondos soberanos de países de los Emiratos Árabes, pero también de personas comunes y corrientes, como nosotros, que desconocen absolutamente que son parte de este sistema, según Rolnik. En el segundo lugar de la lista están los fondos de los profesores jubilados de Texas.

Para Rolnik, estas ganancias producidas por la industria financiera son “capitales sin vínculos, desterritorializados” que extraen renta en territorios determinados. Prueba de ello, es el desmantelamiento del Estado de Bienestar Social en países en los que fue fuerte como USA o Europa occidental, y también territorios donde dicho Estado fue una ilusión como en el caso de Latinoamérica.

Es paradójico el escenario que rebela la autora, puesto que se han desmantelado y privatizado todos los institutos de previsión social, la salud y la educación, pero nosotros somos los principales accionistas de esas nuevas corporaciones sin siquiera saberlo o quererlo, prestaciones que antes estaban a cargo del Estado.

En ese contexto, la vivienda fue uno de los sectores que entraron de lleno al proceso de la financierización, y en que el Estado tuvo un protagonismo único al entregar subsidios públicos para que esto pudiese llevarse a cabo. La autora muestra el caso de Inglaterra donde Margaret Thatcher privatizó absolutamente todo el stock público de viviendas, pero ocurrió sin desplazamiento, por lo tanto, no produjo rechazo ni oposición.

La financierización de la vivienda, fue una jugada magistral de la Industria, que fue capaz de convertir un bien raíz, algo absolutamente anclado al territorio en algo tan abstracto como el capital. Pero la pregunta es: ¿cómo la industria financiera consiguió convertir la vivienda en un vehículo financiero? La respuesta para la autora es la llamada “titulación”, proceso que consiste en transformar activos fijos en un papel o contrato convirtiéndolo en un activo móvil.

Pero sin duda, dentro del análisis que ella hace sobre la financierización de la vivienda, resalta que siempre los afectados en momentos de crisis corresponden a los más vulnerables, “si algo pasa, es la familia endeudada la que pierde la casa” – sentenció Rolnik, como ocurrió con la crisis de las hipotecas subprime en USA en 2008.  

Ahora cabe cuestionarse el rol del Estado en esto. Muchos de los investigadores que trabajamos temáticas urbanas apuntamos al Estado Neoliberal quien deja hacer al mercado libremente –laissez faire-; sin embargo, la autora nos invita a cuestionarnos que la inacción también es una acción, y que sin duda alguna, el actuar de los Estados no se ha limitado a la inacción, sino todo lo contrario: “el proceso de financierización fue construido por el Estado para garantizar rentabilidades, lo que va más allá de una desregulación, sino una regulación fuerte hacia los capitales”.

 

Ahora, ¿por qué lanzar este libro en Chile?

Según Rolnik, en Chile surgió el modelo de financierización de la vivienda que hoy opera para todo el Sur Global. Dicho modelo que se montó con subsidios públicos directos para los promotores inmobiliarios o incluso excepciones normativas. Dichas empresas de vivienda, que partieron en Chile, salieron a otros países del continente, buscando mejores rentabilidades. De todas maneras, el proceso hoy tiene un matiz completamente diferente, las rentabilidades de las viviendas son bajas y por eso la financierización ha diversificado su objeto de culto. “Hoy ya no importa la vivienda, el producto más rentable corresponde a infraestructuras de ocio, un tipo de producto como el mall, que en todas las ciudades tiene la misma cara”.

Finalmente, la autora plantea que las políticas públicas sin duda alguna han abandonado a los ciudadanos, el Estado destraba tierras públicas que son traspasadas a privados para obtener mayores rentabilidades, terrenos centrales y bien conectados que pudieron ser entregados para la construcción de viviendas sociales; esto ha impedido el ejercicio del derecho a la ciudad de todos los ciudadanos.

Frente a este escenario pesimista, ¿qué es la Guerra de Lugares vociferada en el título del libro? En palabras de Raquel Rolnik, la guerra de lugares viene a ser la resistencia contra el poder hegemónico representado por la colación entre Estado e Industria financiera. La guerra representa el simple hecho de existir en estos territorios; es permanecer, negarse a vender la vivienda en un barrio altamente cotizado, lo que constituye un bloque para que esta lógica de la financierización no tome todos los espacios del planeta.

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