“El juego de mesa que busca recuperar la memoria patrimonial de la Villa Olímpica”

Académicos del Instituto de la Vivienda (INVI) de la FAU de la Universidad de Chile junto a estudiantes y ex alumnos de la institución, realizaron el primer Encuentro Ciudadano sobre Vivienda, Territorio y Hábitat Patrimonial, que contó con actividades lúdicas para estimular el debate de los vecinos.

Entre medio de una feria navideña, del cierre de las iniciativas de 2016 de la “Escuela de Artes y Oficios” y la presentación del proyecto de “biblio-huerta”, entre otros talleres que se realizaron durante el año en la Villa Olímpica, académicos del INVI de la Universidad de Chile, junto a estudiantes y ex alumnos, realizaron una serie de actividades para fomentar el debate y la participación de los vecinos respecto a diversos temas.

Los deberes y derechos de los ciudadanos que habitan en una zona típica, como es la Villa Olímpica, un recorrido patrimonial que buscó poner en valor los hitos más importantes del barrio, y el juego “Villápolis” que busca socializar esta información patrimonial, fueron algunos de los más destacados puntos del primer Encuentro Ciudadano sobre Vivienda, Territorio y Hábitat Patrimonial, este sábado 17 de diciembre.

Así lo explicó el académico Carlos Lange, quien aseguró que la idea de este tipo de actividades es generar dinámicas que permitan que los ciudadanos aprendan jugando sobre sus deberes y derechos en la producción de su hábitat y territorio, en un esfuerzo conjunto con los vecinos del barrio.

“Esperamos desarrollar una metodología de aprendizaje sobre estas materias, aprendiendo de lo que los vecinos han hecho en la construcción de su barrio y sistematizando esa experiencia. Queremos replicar esto en otros barrios y ojalá también en otras regiones, de manera que podamos entender que el ejercicio de nuestros derechos puede ser una instancia alegre y participativa”, aseguró Lange.

A lo largo de la tarde numerosas familias, niños, jóvenes y adultos mayores participaron de las diferentes instancias organizadas, conversando, jugando y recorriendo la Villa Olímpica e identificando algunos de sus hitos más relevantes.

El arquitecto Miguel Lawner, quien participó del conversatorio “Villa Olímpica: Zona Típica”, destacó el ejemplo que implica la lucha de los vecinos por defender su patrimonio y obtener la declaración de zona típica para su barrio, manteniendo la calidad del conjunto habitacional y su espacio público y mejorándolo.

“Este es uno de los ejemplos más notables que tenemos en Chile de cómo la participación ciudadana logra mantener y mejorar un conjunto habitacional, y estamos en la obligación de cuidar este tesoro que significa la participación comunitaria”, afirmó Lawner, quien también enfatizó en que la generación de espacios colectivos de conversación sobre estos temas permite identificar nuevos problemas y buscar soluciones colectivas a los mismos.

Ana Paz Cárdenas, secretaria técnica del Consejo de Monumentos Nacionales, quien acompañó a Lawner en el debate, aseguró que es una gran responsabilidad resguardar un monumento nacional, en este caso una zona típica, siendo una tarea que recae en el Estado pero también en la comunidad involucrada, por lo que “conversar sobre su significado y sus implicancias es fundamental para que tengamos claro a lo que nos enfrentamos”.

La presidenta de la Junta de Vecinos, Tussy Urra, valoró el espacio y recordó que la comunidad defendió la villa y peleó por declararla como zona típica “porque creemos que es muy importante resaltar y valorar la vida de barrio. Esta zona está construida de tal manera que estimula la confluencia entre los vecinos, con puntos de encuentro y convivencia, y esto lo queremos resaltar y proteger”.

Este proyecto del INVI se enmarca en el Convenio Universidades suscrito entre el Ministerio de Vivienda y Urbanismo y la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile, mediante el cual el INVI se comprometió a realizar actividades orientadas a reflexionar y discutir aspectos relacionados al proceso constituyente en el ámbito del hábitar y el territorio.

Para ello, este tipo de actividades lúdicas como el tablero de juego “Villápolis” o la dinámica de “búsqueda del tesoro” del recorrido patrimonial permitió que la gente aprendiera a través de una instancia diferente, relajada y “contribuir en la conformación de un mapa colectivo, y en una noción de barrio conformada por todos los actores del barrio”, destacó Felipe Ávalos, quien forma parte del grupo “Hábitat y territorio”.

Fuente: El Dínamo / ciudad / villa olimpica

“Diseñando juegos participativos para la activación barrial”

El cambio de paradigma a la hora de aprender, enseñar y planificar nuestro hábitat es evidente. Cada vez más y con mayor fuerza la vuelta del ciudadano hacia la toma de decisiones es inevitable. Sin embargo, la participación ciudadana es vista como un derecho a consulta en políticas, planes y programas, lo que se traduce en un gesto de buena crianza por parte de las instituciones, las cuales claramente tratan y tratarán siempre de frenar procesos de soberanía popular. Es así como existen ganas de comprender este movimiento de apropiación y educación ciudadana –el cual, si bien aún no trasciende a todos los espacios de la sociedad- progresivamente, ha ido levantando experiencias locales de aprendizaje.

Una de estas experiencias es lo acontecido entre los meses de noviembre y diciembre del año 2016 en la Villa Olímpica, tradicional barrio de la ciudad de Santiago que data de la década del 60, declarado recientemente como Zona Típica por el Consejo de Monumentos Nacionales. Su dirigencia, consciente de la responsabilidad que implicaba esta proclamación, en un contexto de debilitamiento de su tejido social y desconocimiento del valor patrimonial de su territorio por parte de la comunidad, trabajó en el proceso de co-creación de un dispositivo de activación barrial con el fin de instruirse y transmitir conocimientos sobre los derechos y deberes en torno al concepto de patrimonio. El producto de esta colaboración fue el juego de tablero Villapolis, definido tanto en sus contenidos, gráficas y nombre de manera conjunta entre la dirigencia de la Villa Olímpica, el Instituto de la Vivienda de la Universidad de Chile, Observatorio CITé y la ONG Hábitat y Territorio.

La co-creación, entendida como un proceso donde nuevas ideas son diseñadas en conjunto por y para las personas, permitió unir la academia y organizaciones de la sociedad civil con la comunidad, en una relación simétrica de trabajo, de cooperación y apoyo mutuo. Esto trajo consigo consecuencias beneficiosas, al menos a corto plazo, por un lado, para las instituciones y organizaciones, debido a la experiencia de un trabajo mancomunado fuera del aula y del espacio de investigación, disponiendo de todas las herramientas que entrega la academia al servicio de la comunidad. Pero además permitió atisbar que aún está la llama encendida de la organización, del diálogo y del enfrentamiento de ideas en los barrios, queriendo ser azuzada con el fin de generar procesos de cambios autónomos y locales. El dispositivo co-creado en esa dimensión avanzaría como chisquero encendiendo procesos de soberanía popular, pero a la vez, funcionaría como un quebrantador de jerarquías, buscando la paridad de los participantes en la ética de la otredad.

Como reflexión desde adentro se sostiene que la co-creación para el caso de Villapolis logró traer al presente de manera lúdica e ingeniosa aquel pasado regado de conocimiento popular, en el cual la autogestión y la autoeducación entregan más que una herramienta técnica, sino que también posibilidades de desarrollo a cada integrante de la comunidad, independiente de su edad, sexo u ocupación. Por otra parte, al jugar Villapolis, el concepto de patrimonio se vuelve cercano y comprensible para las personas, perdiendo ese velo de ininteligibilidad que las instituciones dedicadas al tema muchas veces confieren, llevándolo más allá de la lógica arquitectónica o monumental, para entenderlo desde su dimensión inmaterial y oculta, la cual refiere a historias, cotidianeidad y modos de habitar la ciudad.

Pero saliendo del cometido, no se debe nunca dejar de juzgar y evaluar el trabajo realizado con el fin de pulir, aún más, los medios por los cuales llegamos a la construcción de una ciudadanía empoderada, es decir, una ciudadanía que traspasa el nivel de la participación y avanza a la acción directa. Ante esto la co-creación debe posicionarse como un eslabón más del paradigma socio crítico, el cual busca transformar la realidad en post de la reivindicación del individuo sobre su hábitat. Si es así, entonces cabe preguntar: ¿y ahora qué?, ¿cuál es el segundo paso?, ¿debemos quedarnos solamente con la intervención puntual?, al parecer no. Entonces, tenemos que tomar el dispositivo y transformarlo en uno nuevo que nos permita dar pie a trabajar sobre los desafíos que aparecen. Y eso es lo interesante de la co-creación, la maleabilidad del proceso, la participación de diferentes actores, el diálogo cruzado que se genera, el surgimiento de un conocimiento que se alimenta tanto del saber local como el de “expertos”, en conexión con el contexto, sin perder su valor de innovación.

La experiencia de Villapolis es una de las tantas que se están gestando, ya sea en los intersticios de las grandes metrópolis, en ciudades intermedias, como en los territorios rurales y que aún no conocemos, pero queremos que sean más. El desafío es que estas experiencias se posicionen, que la co-creación como vehículo permita avanzar hacia la autonomía del hábitat, por medio del ejercicio de derechos políticos intrínsecos en los habitantes, desmembrando las relaciones de poder, las cuales no permiten ejercer un pleno derecho a la ciudad, y que en este caso es representado en la reflexión, enseñanza y conocimiento del patrimonio y la valoración de la Villa Olímpica como Zona Típica.

Por Pedro Palma Calorio
Geógrafo y Estudiante Magister MDU, Co-fundador ONG Observatorio CITé.