Reseña “El orden clandestino” de Matías Dewey

Gricel Labbé, Geógrafa, Magister en Desarrollo Urbano.
Pedro Palma, Geógrafo. Magister en Desarrollo Urbano.

 

Matías Dewey, es sociólogo e investigador permanente en el Instituto Max Planck para el Estudio de las Sociedades, Colonia, Alemania. Su trabajo de investigación, con eje en el conurbano bonaerense, se concentra en los mercados ilegales, las organizaciones criminales y las agencias estatales. El libro “El orden clandestino” se estructura en ocho apartados en los cuales define, analiza y describe cómo opera la estructura estatal paralela e ilegal en las zonas liberadas de Buenos Aires.

En Argentina, la política y las fuerzas de seguridad se encuentran fusionadas por la esperanza de una taja de los negocios ilegales más prometedores que se dan bajo su alero.  Se trata de mercados de bienes o servicios cuya producción, distribución o consumo se encuentran oficialmente prohibidos pero que desencadenan regulaciones al margen de la ley, lo que el autor denomina “el orden clandestino”.

En su obra Dewey nos invita a preguntarnos, sí en los países de la región se necesita ¿más o menos Estado? este cuestionamiento se ve anclado en territorios de aparente laxitud punitiva como: las áreas tomadas por el narcotráfico o sectores de comercios ilegales, pero que en realidad esconden férreas regulaciones ilegales, que han sido acordadas de manera ilegítima, entre agentes del Estado y las bandas.

El orden clandestino, título del libro, aparece cuando el Estado Argentino adopta comportamientos mafiosos. Es decir, para el autor, no habría diferencias entre el Estado y un grupo mafioso, entendiendo que la mafia es una empresa económica dedicada a la venta de protección privada. En Argentina dicho servicio estaría siendo dado por el Estado, pero de una manera diferente.

¿Qué tipo de protección es la que ofrece el Estado argentino? La respuesta es que este se ha especializado en comerciar la suspensión de la aplicación del derecho, el cual consiste en suspender temporariamente el Estado de derecho. Las policías son pieza clave en este orden, que ponen a disposición su capacidad para bloquear la aplicación de leyes y reglamentos en un mercado alimentado por una demanda considerable que va desde el automovilista que soborna al policía para evitar una multa hasta el narcotraficante que necesita territorios liberados para su operación.

Sí bien es fundamental el rol de las policías, la mercancía de la protección no podría circular sin la participación u omisión intencionada de políticos, agentes del sistema judicial, del servicio secreto y de aduanas, entre una amplia red que opera en todo el territorio (Ferias, caminos, comisarias, tribunales, etc.).

Esta búsqueda permanente de recursos se encuadra en un contexto más amplio en el cual, además del beneficio personal de quién brinda la protección, es decisiva la necesidad de financiar actividades políticas cada vez más costosas como son las campañas.

Así, la venta de servicios ilegales por parte del Estado en territorios donde está “ausente” le reporta poder. “La venta de protección es un mecanismo que permite la intervención gubernamental en sectores de la sociedad en donde la autoridad formal del Estado se encuentra neutralizada” (p.33). Estas intervenciones según el autor podrían ayudar a resolver conflictividades locales o generar ganancias políticas.

El autor evidencia que puestos públicos o funciones en órganos regulatorios están íntimamente vinculados a redes personales, estructuras paralelas que actúan por fuera de normas oficiales. Y el control de dichas redes significa, asimismo, el control de circuitos formales. Para la sociedad chilena esto no es ajeno, donde el golpe periodístico dado por Informe Especial “Los tentáculos narco de la municipalidad de San Ramón” patentizó el nepotismo y también los vínculos entre funcionarios públicos del municipio y redes de narcotráfico de la comuna. Estos funcionarios controlan tanto los circuitos formales, e informales, pero también así el territorio.

En el tercer capítulo del libro llamado El método, Dewey evidencia cómo opera la red, que va más allá del abuso de atribuciones de funcionarios que pertenecen a una institución estatal. La complejidad de estos vínculos “significa un aceitado entrelazamiento entre demandas específicas de emprendimientos criminales y el despliegue gubernamental de una variedad de mecanismos tendientes a responder a la demanda de protección” (p.40).

Así Matías evidencia que en Argentina y en otros lugares sugiere la existencia de un tercer tipo de protección, que es la que provee el Estado, pero de manera ilegal, y que, a través de sus diversas agencias, les vende protección a dos clientes, ciudadanos y delincuentes, cuyos intereses son exactamente opuestos.

Pero dicha protección policial, es muy singular, puesto que está dirigida a anular la aplicación de la ley a ciertas personas y en determinados territorios. En el caso chileno, se ha documentado que se aplica la ley de forma desigual, en determinados contextos como las fronteras. En el caso argentino, esta protección defiende a los delincuentes del mismo Estado. Es decir, no venden protección, sino inacción. Esta inacción sería el principal mecanismo de formación de zonas liberadas, espacios que se crean mirando “hacia otro lado” pero que en realidad requiere muchos esfuerzos. En el caso chileno si bien no se encuentra incorporada la noción de Zonas Liberadas, sí existe el concepto de zona Marrones (O´Donnell, 1993) para hacer referencia  territorios donde el Estado no penetra.

El cuarto capítulo del libro, esboza la regulación del orden clandestino, que como se adelantó no es que no existan normas, es un espacio social “hiperregulado”.  No es ausencia de Estado la que estructura este orden, sino es una falta de Estado de derecho. Así el autor utiliza la frase que resume la situación: El orden clandestino es, de tal modo, un orden paralelo. El orden clandestino está tan regulado que existen cuotas de cantidad de autos robados tolerados por comisaría o el pago a un soplón que avisa a policías de un cargamento de drogas no autorizado.

Así el concepto que emerge de este orden clandestino es la excepción, la cual brota del encuentro entre oferentes y compradores. Su costo va más allá del precio, sino que es la desprotección del individuo como sujeto jurídico de cualquier derecho anterior que tuvo.

Ahora bien, no todos los mercados ilegales son iguales. Y esas diferencias están dadas por la aceptación social que tengan los productos que son objeto de intercambio. La mayor o menor tolerancia moral del producto en juego afecta a las características del mercado. Claramente el tráfico de niños tiene menos tolerancia versus la venta de camisetas falsificadas.

El quinto capítulo ejemplifica como es en la práctica el orden clandestino, para ello el autor utiliza el concepto de “Polea extractora de recursos”, la cual define al proceso de recaudación que beneficia desde el oficial hasta el comisario. Y en otros casos, como en los mercados menos tolerados y más ilegales, el dinero extraído se dirige al financiamiento de campañas y carreras políticas.

El sexto capítulo narra el operar de uno de los mercados con menor aceptación social y donde se establece el orden clandestino: el mercado de los autopartes (desarmadurías)  y vehículos robados. Y no hay dudas que las actividades vinculadas a este mercado son sólo posibles debido al modo en que las instituciones se involucran en él.  “La ilegalidad comienza en el momento del robo y continúa durante la comercialización y la venta de vehículo o las partes. La línea de producción que requiere protección ilegal abarca tres momentos: cuando los vehículos son robados, cuando se desmantelan u en el momento de la venta de autopartes.  Fue posible identificar tres formas de proteger estos tramos en el negocio” (p.82)

La liberación de espacios territoriales de la injerencia de controles y de la imposición de normas, también conocida como la liberación de zonas, es otra de las formas más efectivas de venta de protección. Estas zonas son los lugares en donde ocurre el robo, los desarmadores o donde se venden las partes. Pero también es importante la protección de informantes, pieza clave de las zonas liberadas. No son pocos los comisarios que compran información relativa a cargamentos con drogas, que les permiten ganar ascensos o premios, pero también viceversa, policías que venden información de decomisaciones o allanamientos.

En el último capítulo hace referencia al caso de estudio, que es la localidad de La Salada y al mercado informal de la vestimenta.  La Salada corresponde a un sector comercial de Buenos Aires con cerca de 2.915 puestos emplazados en la calle y 4.907 en predios cerrados. Pero esta forma de mercado se ha replicado por todo el país como “saladitas” y es un modelo de negocio basado en tres elementos: “la informalidad, evasión e ilegalidad que permite mejorar márgenes de ganancia; el interés político en mantener ocupada a la población y en fomentar el consumo; y la imperiosa necesidad de trabajo de una población poco calificada que difícilmente podría encontrar trabajo en el mercado formal” (p.100).

Así los beneficiarios de recaudaciones son los empresarios a cargo de ferias como La Salada, los policías que cobran abiertamente a los puestos callejeros e incluso grandes trasnacionales como Nike, Topper, Adidas, que cobran mes a mes a los productores ilegales de La Salada.  Con esto no se elimina la actividad económica ilícita sino que se le pone un impuesto.

Consideraciones finales

El orden clandestino es un fenómeno de la vida cotidiana, que emerge en cada rincón donde el Estado aparentemente mira para otro lado, en él participan por igual todos los partidos políticos. Aquí las agencias gubernamentales funcionan de forma similar a la mafia: se protegen de controles, sanciones o persecuciones que debería realizar el mismo Estado.

La protección ilegal ha permitido el florecimiento de negocios basados en las regulaciones oficiales ha desencadenado el surgimiento de nuevas actividades, negocios y mercados secundarios que para funcionar vuelven a requerir protección ilegal. Es un proceso de reproducción que al parecer no tiene fin y ha ido de manera creciente, diversificando sus productos.

Pero ¿quiénes son los mayores afectados?, claramente los sectores marginados de la ciudad, que se exponen a la experiencia de un Estado brutal, sumamente violento, pero también corrupto, aliado con el narco o mercaderes ilegales, que los dejan completamente desamparados. Pero otros grupos, como los consumidores tienen la experiencia de un Estado que es facilitador de bienes y servicios prohibidos. Pero en cualquiera de los dos casos, lejos de advertirse una ausencia del Estado se comprueba su omnipresencia.

Finalmente, en el contexto de marginalidad urbana avanzada en la región se caracteriza por la carencia infraestructurales severas y exclusión del mundo laboral, pero también la creación de zonas liberadas que ha sido decisiva para el florecimiento de instituciones informales.

Matías Dewey nos ínsita a visualizar la emergencia de nuevas formas de autoridad, nuevos mecanismos de coordinación entre actores y estrategias novedosas de extracción de recursos. Esto en un espacio social donde el Estado le interesa extraer recursos y actuar de forma punitiva.

Raquel Rolnik: Guerra de los Lugares en Chile

Por Gricel Labbé, miembro activa de Observatorio CITé.

 

Su visita no puede dejar indiferente a ninguna de las personas que tienen afinidad con las temáticas urbanas y que han visto las transformaciones de las metrópolis latinoamericanas in situ. La autora, Raquel Rolnik entre sus múltiples logros y reconocimientos que ostenta, sin duda resalta que fue relatora de la ONU durante seis años por el Derecho a la Vivienda Adecuada, pero sin duda lo más valorable es su constante llamado de atención frente a las consecuencias que está generando el modelo de financierización en los más vulnerables.  

Como Observatorio Cité estuvimos en el lanzamiento de su libro: “La Guerra de los Lugares” de la editorial LOM, y destacamos sus planteamientos en la siguiente reseña.

Para Raquel una nueva era de colonización se está llevando a cabo, que ocurre a través del mercado de las financias, cuyo único objetivo es la extracción de renta. Dicha colonización, es territorial y cultural, puesto que sobre todo se da en territorios como el Sur Global y, además, no sólo extrae los recursos sin retribuir absolutamente nada a dichos territorios, sino que también coloniza las mentes a través de la cultura del consumo.

La hegemonía de las finanzas que está presente a nivel mundial necesita un crecimiento exponencial de intereses para sustentarse, pero dicho crecimiento no se traduce en más empleos, mejores infraestructuras o ciudades más justas, sino todo lo contrario: aún se refleja en más desigualdad y degradación socio-ambiental, puesto que los intereses de las ganancias del capital se reinvierten y nunca retornan a los territorios de donde fueron extraídos, permanecen en una especie de “nube” que flota encima de la tierra, según la autora.

Los intereses de la industria financiera corresponden mayoritariamente a las ganancias de 30 grupos multinacionales, encabezados por los fondos soberanos de países de los Emiratos Árabes, pero también de personas comunes y corrientes, como nosotros, que desconocen absolutamente que son parte de este sistema, según Rolnik. En el segundo lugar de la lista están los fondos de los profesores jubilados de Texas.

Para Rolnik, estas ganancias producidas por la industria financiera son “capitales sin vínculos, desterritorializados” que extraen renta en territorios determinados. Prueba de ello, es el desmantelamiento del Estado de Bienestar Social en países en los que fue fuerte como USA o Europa occidental, y también territorios donde dicho Estado fue una ilusión como en el caso de Latinoamérica.

Es paradójico el escenario que rebela la autora, puesto que se han desmantelado y privatizado todos los institutos de previsión social, la salud y la educación, pero nosotros somos los principales accionistas de esas nuevas corporaciones sin siquiera saberlo o quererlo, prestaciones que antes estaban a cargo del Estado.

En ese contexto, la vivienda fue uno de los sectores que entraron de lleno al proceso de la financierización, y en que el Estado tuvo un protagonismo único al entregar subsidios públicos para que esto pudiese llevarse a cabo. La autora muestra el caso de Inglaterra donde Margaret Thatcher privatizó absolutamente todo el stock público de viviendas, pero ocurrió sin desplazamiento, por lo tanto, no produjo rechazo ni oposición.

La financierización de la vivienda, fue una jugada magistral de la Industria, que fue capaz de convertir un bien raíz, algo absolutamente anclado al territorio en algo tan abstracto como el capital. Pero la pregunta es: ¿cómo la industria financiera consiguió convertir la vivienda en un vehículo financiero? La respuesta para la autora es la llamada “titulación”, proceso que consiste en transformar activos fijos en un papel o contrato convirtiéndolo en un activo móvil.

Pero sin duda, dentro del análisis que ella hace sobre la financierización de la vivienda, resalta que siempre los afectados en momentos de crisis corresponden a los más vulnerables, “si algo pasa, es la familia endeudada la que pierde la casa” – sentenció Rolnik, como ocurrió con la crisis de las hipotecas subprime en USA en 2008.  

Ahora cabe cuestionarse el rol del Estado en esto. Muchos de los investigadores que trabajamos temáticas urbanas apuntamos al Estado Neoliberal quien deja hacer al mercado libremente –laissez faire-; sin embargo, la autora nos invita a cuestionarnos que la inacción también es una acción, y que sin duda alguna, el actuar de los Estados no se ha limitado a la inacción, sino todo lo contrario: “el proceso de financierización fue construido por el Estado para garantizar rentabilidades, lo que va más allá de una desregulación, sino una regulación fuerte hacia los capitales”.

 

Ahora, ¿por qué lanzar este libro en Chile?

Según Rolnik, en Chile surgió el modelo de financierización de la vivienda que hoy opera para todo el Sur Global. Dicho modelo que se montó con subsidios públicos directos para los promotores inmobiliarios o incluso excepciones normativas. Dichas empresas de vivienda, que partieron en Chile, salieron a otros países del continente, buscando mejores rentabilidades. De todas maneras, el proceso hoy tiene un matiz completamente diferente, las rentabilidades de las viviendas son bajas y por eso la financierización ha diversificado su objeto de culto. “Hoy ya no importa la vivienda, el producto más rentable corresponde a infraestructuras de ocio, un tipo de producto como el mall, que en todas las ciudades tiene la misma cara”.

Finalmente, la autora plantea que las políticas públicas sin duda alguna han abandonado a los ciudadanos, el Estado destraba tierras públicas que son traspasadas a privados para obtener mayores rentabilidades, terrenos centrales y bien conectados que pudieron ser entregados para la construcción de viviendas sociales; esto ha impedido el ejercicio del derecho a la ciudad de todos los ciudadanos.

Frente a este escenario pesimista, ¿qué es la Guerra de Lugares vociferada en el título del libro? En palabras de Raquel Rolnik, la guerra de lugares viene a ser la resistencia contra el poder hegemónico representado por la colación entre Estado e Industria financiera. La guerra representa el simple hecho de existir en estos territorios; es permanecer, negarse a vender la vivienda en un barrio altamente cotizado, lo que constituye un bloque para que esta lógica de la financierización no tome todos los espacios del planeta.

“La Agonía del Eros”


Título: “La Agonía del Eros”

Autor: Byung-Chul Han

Edición: Herder; pensamiento Herder. Barcelona, 2014; 79 páginas.

La necesidad de un Eros que permita el encuentro y la confrontación con el otro-en su alteridad-cruza todo este ensayo en que su autor, el filósofo coreano Byung-Chul Hang, busca dar una explicación a los principales conflictos que se suscitan en la sociedad contemporánea.

En su primer capítulo, el autor nos introduce al texto con la premisa que el amor se extinguió, por eso el nombre del apartado (Melancolía). Esto deviene de que en un mundo de posibilidades ilimitadas (racionalización y uso de las tecnologías para la elección) no es posible el amor . Sin embargo, no se comparan al efecto de la “erosión del otro” y que tiene que ver con que el narcisismo de la propia persona lo convierte en un individuo incapaz de amar.

El libro da una mirada crítica a una sociedad cada vez más narcisista, ya que el líbido ahora se enfoca en el mismo sujeto, lo que desencadenaría la imposibilidad de conocer a los “otros”, es decir, al amante en su alteridad. E incluso una enfermedad tan moderna como la depresión, es también narcisista ya que los sujetos carecen de limítes con un otro y están encerrados en sí mismos.

El segundo apartado denominado “No poder poder”, el autor nos sumerge en la sociedad del rendimiento y en la injerencia de la palabra “poder”, la cual se diferencia de la sociedad de la disciplina y de la palabra “deber”. El sujeto que es parte de la sociedad del rendimiento es empresario de sí mismo, explotándose, en busca de la libertad, lo que precipitaría al sujeto nuevamente a la depresión. En este sentido el autor nos plantea que el neoliberalismo tiene una estructura coactiva tras la aparente libertad del individuo, ya no se entiende al sujeto como sometido, sino da la ilusión de que está desarrollando un proyecto. Surge la culpa porque sí fracasa es culpa de él, pero también surge la gratificación, por lo cual se plantea que el capitalismo es endeudador.

En el tercer apartado Byung Chul Han entrega una visión de la “mera vida” como símbolo del erotismo. Es en este capítulo donde el autor por primera vez acerca su construcción teórica, sobre la destrucción del eros, hacia la expresión espacial que esta tiene, asociada al consumismo y a la domesticación del amor convirtiéndolo en una fórmula de consumo, como un producto sin riesgo ni atrevimiento, sin exceso ni locura. Es así como el capitalismo absolutiza la mera vida. Su fin no es la vida buena, sino más bien, su compulsión a la acumulación y al crecimiento que se dirige precisamente contra la muerte que se le presenta como pérdida absoluta. Interesante es rescatar entonces como el proceso de acumulación, producción y reproducción capitalista se acelera hasta el infinito en palabras de Han por el hecho que se deshace de la teología de la vida buena, así el capitalismo más que se hace como él plantea, nace obsceno. Por último este apartado resalta la importancia de la intromisión del neoliberalismo sobre el individuo y la sociedad positiva que se ha retirado de la negatividad absorbiendo la violencia visual sexual, y respondiendo a ella con impulsos del yo y del rendimiento.

“Porno” nombre del cuarto apartado del libro muestra la mera vida expuesta, es la expresión más clara de la sociedad de la transparencia, la sociedad del rendimiento. El porno destruye el lugar y construye no lugares. Punto a destacar en este apartado es el vínculo presentado con el pensamiento marxista y la ciudad de Lefebvre. Como el capitalismo intensifica el progreso de lo pornográfico en la sociedad, la cual claramente tiene una expresión espacial en las grandes metrópolis (algo que podemos observar con los anuncios publicitarios de reconocidas marcas), en cuanto lo expone todo como mercancía, lo exhibe y profaniza al eros para convertirlo en porno.

En el quinto capítulo, el autor señala lo dicho por Illouz, quien alude que la imaginación pre moderna como escasa de información, en tanto se idealiza un objeto. Situación distinta ocurre hoy, con una imaginación en contexto de Internet que presenta una acumulación de atributos, sin tanta idealización y con más racionalización del deseo. Ello implica un aumento en las expectativas y una desilusión más frecuente. A su vez, hoy se da una percepción basada en mercancías e imágenes en los medios. Por su parte, el autor señala que se ha perdido la añoranza en el deseo a partir de una libertad sin límites y la alta definición de la información, que no deja nada indefinido. A ello se suman las altas expectativas en la información como elemento central en la decepción generalizada en la sociedad.

La política también se ve desfigurada y vaciada como acción orientada al otro tras la agonía del Eros. En el capítulo 6 se plantea que a pesar que la política se posiciona antagónicamente al amor, existe una vinculación profunda asociada a la búsqueda de un mundo más justo que rompe las barreras del yo y posiciona al hombre en una perspectiva colectiva, sacándolo de lo habitual y lo igual, en base que que en el Eros hay un sentido de la totalidad y de energía revolucionaria -como lo planteaban los surrealistas. Sin embargo, el neoliberalismo ha gestado una sociedad despolitizada orientada al deseo individual que produce una acción política con poca valentía de cambiar lo establecido, transformándola en simple burocracia y donde la razón se utiliza sin su capacidad de transformación.

En el último capítulo del texto, el autor explica que hoy en día existe un exceso de datos e información que se transmite de un lugar a otro rápidamente, donde se generan modelos de comportamiento y correlaciones entre estos datos, en contraposición al tiempo donde se generaban teorías que explicarían causalidades. Esta era donde priman los datos y sus correlaciones sería explicada por la falta de eros, ya que el pensamiento sin eros vuelve las cosas meramente repetitivas y aditivas.

Para el autor, la teoría se relaciona con decisiones esenciales, se dirige al camino de lo “no transitado”, la cual hace aparecer al mundo desde un punto de vista nuevo y totalmente distinto, tiene el poder de discriminar entre lo que es posible y lo que no, lleva al pensamiento a su sentido enfático, la teoría es anterior y sostiene a los datos, relacionando los datos al ejercicio del cálculo y a la teoría al ejercicio del pensamiento. Hoy el exceso de datos que se producen y circulan nos aleja de la teoría, la cual es necesaria porque impide que las cosas se mezclen y proliferen, porque mantienen un orden, le dan forma y enmarcan el curso de las cosas para que no se desborden, en cambio la masa de datos provoca un efecto deformativo.

Esta crisis de las teorías se puede relacionar con la crisis que se vive en el arte, literatura y comunicación actual, ya que al haber exceso de información de genera un ruido que no conduce a ningún conocimiento o verdad, falta el eros que tiene la capacidad de transformar, que es distinta a la sexualidad que es el resultado en clave de positividad del amor, la cual es una experiencia aditiva y acumulativa, como lo son los datos. El eros entrega la posibilidad del pensamiento en un sentido enfático, y sin éste el pensamiento pierde vitalidad e inquietud y se vuelve represivo y reactivo.