Sobre la Asamblea Constituyente y un horizonte con sentido

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Es importante advertir que la clase política reposará en su hegemonía para sabotear cualquier instancia de deliberación social que vaya en contra de sus intereses, y con mayor fuerza lo harán ante el advenimiento de una Asamblea Constituyente. Lo harán los mismos tecnócratas y operadores de los partidos políticos que hasta el día de hoy dicen trabajar por el “bien común”, por tanto, se requiere pensar en instancias permanentes y cotidianas de autodeterminación política que abran posibilidades reales de cambio.

Por Ignacio Arce*

Después de más de una semana de movilizaciones a partir del 18 de octubre, existe una fuerte convicción de que la discusión sobre lo que llamamos cambiar el modelo recae necesariamente en la elaboración de un “nuevo pacto social” o nueva Constitución. En base a esto, es difícil referirse a un “nuevo pacto”, cuando las versiones anteriores fueron redactadas y firmadas entre cuatro paredes alejadas de cualquier transversalidad, por tanto, más bien debemos entender que el reclamo actual es por una Constitución que sea efectivamente un “pacto social”, porque los anteriores no lo son. 

Es sorprendente que esta convicción se haya traducido en la reunión espontánea de personas en cabildos realizados en diferente plazas y parques durante el fin de semana, así como de forma posterior en colegios y universidades, como forma de discutir sobre los problemas que condujeron a esta crisis social, formulando preguntas, así como posibles respuestas, siendo cada vez más plausible la idea de la Asamblea Constituyente como reflejo de una de las caras más política de la sociedad chilena mostrada en décadas. 

De igual forma, es posible observar con impresión las escasas posibilidades de cambio que ofrecen los canales institucionales. Hoy entendemos que éstos fueron hechos solo con posibilidad de reformar (cambiar la forma sin tocar el fondo) un sistema que históricamente ha excluido a gran parte de los habitantes de este país en beneficio de la monitoria dominante. Allí recae el hecho que para la clase política de turno no tiene sentido y tildan de imposible cualquier modificación profunda al modelo, porque el actual les favorece desproporcionadamente, por tanto, siempre se han rehusado y rehusarán a emparejar la cancha. 

Para que el horizonte mediano y lejano tenga sentido real de cambio, es necesario advertir que uno de los aspectos más notables del modelo es su capacidad para apropiarse de ideas contrarias a él y hacerlas funcionales a su reproducción. Podemos notar este aspecto en el feminismo, el cambio climático y la inclusión de pueblos originarios (donde el Costanera Center nos saluda en mapudungun). De esta forma, la efervescencia de la crisis política por la que atraviesa el país, así como la organización de cabildos abiertos ante una posible Asamblea Constituyente, corren el riesgo de ser absorbidos de la misma manera. El primer movimiento fue el abrazo de la clase política hacia la gran marcha de octubre. 

Es importante advertir que la clase política reposará en su hegemonía para sabotear cualquier instancia de deliberación social que vaya en contra de sus intereses, y con mayor fuerza lo harán ante el advenimiento de una Asamblea Constituyente. Lo harán los mismos tecnócratas y operadores de los partidos políticos que hasta el día de hoy dicen trabajar por el “bien común”, por tanto, se requiere pensar en instancias permanentes y cotidianas de autodeterminación política que abran posibilidades reales de cambio. 

Ante ello, no dejemos de ver que más allá de cualquier reforma política e incluso constitucional, es importante fijar en el horizonte cercano un sentido que llama a que el despertar de esta transformación es un proceso de muy largo aliento, y será fructífero en la medida en que logre proyectarse desde la vida cotidiana de las personas hacia las comunidades en sus territorios, tanto en los campos como en las ciudades, haciendo de la organización y participación vecinal piedra fundamental de un órgano sociopolítico que canalice sólidamente las demandas y derechos sociales de las personas. 

El primer paso fueron los cabildos espontáneos del pasado fin de semana, el segundo paso es continuar movilizándonos y, sobre todo, reconociéndonos y organizándonos. Una forma concreta de avanzar es involucrarse en el sindicato, la junta de vecinos, la cooperativa, el cabildo, o la asamblea. Esto es ejercer la política en la vida cotidiana, como un medio permanente de transformación social entre personas con intereses y visiones comunes, incluso más allá de la Asamblea Constituyente, y lo más lejos posible de la clase política dominante. El camino será difícil y muy largo, pero no hay cansancio cuando el horizonte tiene este sentido. 

* Ignacio Arce, Geógrafo y estudiante Magíster en Urbanismo en U. de Chile

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